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Patricio Pron y la penitencia del olvido en “Mañana tendremos otros nombres”

Abel Resende Borges
Patricio Pron y la penitencia del olvido en "Mañana tendremos otros nombres"

Los daños colaterales de un amor desgarrado son innumerables, mucho más en una colectividad Finder donde te pueden borrar con un dedo, en unos segundos, sobre la pantalla de un celular telefónico.

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Estos presupuestos han servido al escritor argentino Patricio Pron (Rosario, 1975) para escribir, con la ayuda económica de una entidad bancaria, Mañana tendremos otros nombres (Madrid, Alfaguara, 2019, 467 pp.), libro que le ha valido el Premio Alfaguara de Novela de este año.

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El jurado presidido por Juan José Millás nos lo pone fácil: “… es la fascinante autopsia de una ruptura amorosa, que va más allá del amor: es el mapeo sentimental de una sociedad neurótica donde las relaciones son producto del consumo. Bajo la anonimia de unos Él y Ella, construye la historia de dos personajes que son vagamente conscientes de su alienación. Un texto sutil y sabio, de gran calado psicológico, que refleja la época contemporánea de manera excepcional y le toma el pulso a las nuevas formas de entender los afectos”.

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Los analistas madrileños han tomado al pie de la letra el acta del tribunal y los críticos oficiales y oficiosos repiten el valor de los dos protagonistas sin tener en cuenta a los cuatro personajes secundarios que, en este caso, cobran especial relevancia.

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A los meticulosos y minuciosos lamentos y rechinares de dientes de Él y Ella por la separación, después de cinco años de vida en pareja, se conduce al lector hacia un examen comparativo casi clínico, especulativo y muy sincero de cotejo para fijar un diagnóstico que no busca señalar un culpable sino precisar en cuánto se equivocó cada uno

Ella decide la emancipación y para asegurar su dictamen miente con tener otra relación que mutila cualquier intento de Él hacia una reconciliación. La mujer es arquitecta triunfadora y algo viajera y su hombre, un escritor de poco éxito a quien ve “muy femenino” y no porque fuera homosexual, afeminado o amanerado sino porque aceptaba las cosas que ella le imponía contra su voluntad, pero con buenas maneras. Tampoco los separa el sexo moderado, pero sí, secretamente, la determinación masculina de no tener niños. Entonces se acumulan los miedos, dudas, perplejidades y el diario descubrimiento de que el otro llegará a la conclusión de que estaba equivocado. Les juntaron las circunstancias impredecibles, pero también les separaron

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Al llegar la disolución también les toca dividirse los amigos según sus mayores afinidades. Entonces aparece B, aliada con la que Ella se va a vivir y realmente le sirve de ayuda y M para Él, su editora, de origen bosnio y sobreviviente de la guerra de los Balcanes por lo mismo hierática, muy profesional, indolente, sin amor, sin modales y despiadada con la que terminará acostándose como en un acto desangelado y mecánico

Emergen F para Ella, amiga con la que mantiene un fugaz encuentro lésbico y la abandona al descubrir que se acuesta con un hombre y también J, un compañero esporádico a quien conoce por Internet y después de rápidos encuentros el varón vuelve a su lejana ciudad dejándola embarazada

Él la sigue acosando, con mucha discreción, y coinciden en un bar cuando la fémina ya tiene siete meses de gestación. Ella le cuenta toda la verdad incluyendo que nunca tuvo un amante mientras andaban juntos. Él la perdona, decide regresar con Ella y criar a su hijo que considerará suyo. O sea “la nueva manera de entender los afectos”

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La novela ocurre en el Madrid de hoy, embarcada en el contorno de los poderes de la red, con su Finder, sus aplicaciones, sus modems, usuarios, medios digitales y publicidad intensiva en la diaria batalla de tono especulativo con los sentimientos

Mañana tendremos otros nombres es una novela especulativa, intimista y simbólica. Sobresalió encima de los 767 originales que buscaban el Premio Alfaguara, entre ellos 19 autores peruanos que llegaron y se fueron con una mano delante y otra detrás.