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Morir en Venezuela por Orlando Gutiérrez

Fondo de Valores Inmobiliarios, Empresario, Businessman, Banquero, FVI, Constructor
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Suena tedioso hablar de las calamidades de Venezuela, es llover sobre mojado, más de lo mismo, es la historia que ya nos acostumbramos y de allí el peligro, calado la estrategia del régimen dictatorial, el pueblo se resignará, pareciera que sí, todo lo anormal lo ven normal, nada asombra. En esta ocasión quisiera referirme a lo cotidiano que sucede al perder un ser querido, la verdad la vemos, cuando nos llega cerca de un familiar, allí sentimos la realidad más dolorosa.

En primer lugar, el proceso de convalecencia es traumático, si hay Médico, luego la medicina y si se consigue el precio es elevado, sin pensar de ser atendido en algún hospital público, la gente prefiere  quedarse en casa que aventurarse y entregarse al hospital público, y no por descalificar al funcionario del área de salud, que son verdaderos héroes,  trabajan sin dotación requerida, con  salarios super bajos, sin ser valorados debidamente por el Estado, son también víctimas como todos los ciudadanos, trabajadores abnegados, con gran talento académico bien formados que hacen honor  a su juramento hipocrático, en su texto ético que recoge sus obligaciones morales al servicio  con gran conciencia de su papel  con la sociedad,  como han honrado su valioso trabajo, a pesar de la resistencia  y política o no política de salud del Estado  por su obligación con los ciudadanos, arriesgando hasta su propia vida, haciendo su trabajo con gran devoción, sin ningún tipo de dotación, solo por vocación, sabiduría y entrega al prójimo, desprotegidos, así como lo demuestran fehacientemente las estadísticas, que cada día duelen al leer el fallecimiento de un galeno u otro servidor del sector salud.   

Después de ese camino tormentoso y sufrido para todos, desde el paciente, el personal de salud, los familiares, fallece la persona, comienza el nuevo calvario el de los servicios fúnebres, si cremarlo o darle bendita  sepultura, con qué dinero si la enfermedad ya arruinó las disponibilidades de la familia,  la dificultad  de un forense, si la causa es por el coronavirus, peor  aún, es la calamidad, el Estado  tienen que falsear la causa y no declarar, tiene que ser un muerto invisible, para  así poder maquillar las estadísticas, la dificultad de los trámites burocráticos amén que conlleva, en medio del dolor, tener que cumplir con la debida matraca o corrupción  con el funcionario encargado de esos trámites, después conseguir dónde y cómo velarlo, si es que se puede, dinero  de dónde, vencido toda este dolor, no hay gasolina para el coche, la funeraria dice tráiganlo acá, lo mismo sucede con los ministros oficiantes  de la oración fúnebre, no hay carro, no hay gasolina, todos los trámites con sus obstáculos y comisiones que hay que pagar en dólares, cada deudo  debe llorar en silencio, aislado en su casa.

Se entera las personas de la muerte de un amigo, por vía de las plataformas existentes, ya ni los muertos mueren en paz, menos son sepultados medianamente en forma merecida, sentida y cristianamente, se agiganta más el dolor, estamos hablando lo normal de un funeral, esta tragedia va más allá de lo político, es la calamidad social que ni siquiera se puede morir en paz, porque muchos lo que están haciendo es enterrando sus propios muertos en su casa, para seguir viviendo como muerto en vida.